
Había relatos de aventuras con paños para secarse la frente, novelas de suspense con hojas prensadas de valeriana para inhalar cuando la tensión era insoportable, y libros con robustos candados sellados por las autoridades de censura atlantes («¡Venta permitida, lectura prohibida!»). Una tienda solo vendía obras «a medio terminar», interrumpidas por la mitad porque su autor había fallecido mientras las escribía; otra se especializaba en novelas cuyos protagonistas eran insectos. También vi una tienda de Wolperting que solo vendía libros de ajedrez y otra frecuentada exclusivamente por enanos con barba rubia, todos ellos con antifaces.
Los libros de la ciudad de los sueños

Walter Moers
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras