
Si aplicamos nuestra mente de forma directa y competente a las necesidades de la Tierra, comenzaremos a realizar cambios fundamentales y necesarios en nuestra mentalidad. Empezaremos a comprender, a desconfiar y a transformar nuestra economía derrochadora, que comercializa no solo los productos de la Tierra, sino también su capacidad productiva. Veremos que la belleza y la utilidad dependen por igual de la salud del planeta. Pero también discerniremos la verdad más allá de las modas y las manifestaciones superficiales de la protesta. Veremos que la guerra, la opresión y la contaminación no son problemas aislados, sino aspectos de un mismo problema. En medio de los clamores por la liberación de uno u otro grupo, sabremos que nadie es libre sino en la libertad de los demás, y que la única libertad real del ser humano consiste en conocer y ocupar fielmente su lugar —un lugar mucho más humilde del que nos han enseñado a creer— en el orden de la creación. (pág. 89, «Piensa poco»)
El arte de lo cotidiano: Ensayos agrarios

Wendell Berry
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