
Aquí, el fenomenólogo no tiene nada en común con el crítico literario que, como se ha señalado con frecuencia, juzga una obra que no podría haber creado y que, si hemos de creer ciertas condenas simplistas, tampoco querría crear. Un crítico literario es un lector necesariamente severo. Al analizar a fondo un complejo sobreexplotado que se ha degradado hasta formar parte del vocabulario de los estadistas, podríamos decir que el crítico literario y el profesor de retórica, sabelotodos y jueces de todo, caen fácilmente en una simple muestra de superioridad. En cuanto a mí, adicto a la lectura placentera, solo leo y releo lo que me gusta, con un poco de orgullo lector mezclado con mucho entusiasmo.
La poética del espacio

Gastón Bachelard
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