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Frederick Charles Copleston

Las propuestas de Platón en este asunto resultan aborrecibles para todos los verdaderos cristianos. Sus intenciones eran, por supuesto, excelentes, pues deseaba el mayor perfeccionamiento posible de la humanidad; pero estas buenas intenciones lo llevaron a proponer medidas que son necesariamente inaceptables y repugnantes para todos aquellos que se adhieren a los principios cristianos sobre el valor de la personalidad humana y la santidad de la vida humana. Además, de ninguna manera se deduce que lo que ha tenido éxito en la cría de animales también lo tendrá al aplicarse a la humanidad, pues el hombre posee un alma racional que no depende intrínsecamente de la materia, sino que es creada directamente por Dios Todopoderoso. ¿Acaso un alma bella siempre va acompañada de un cuerpo bello, o un buen carácter de un cuerpo fuerte? Asimismo, si tales medidas resultaran exitosas —¿y qué significa «exitosas» en este contexto?— en el caso de la humanidad, no se deduce que el Gobierno tenga derecho a aplicarlas. Quienes hoy siguen, o quisieran seguir, los pasos de Platón, abogando, por ejemplo, por la esterilización obligatoria de los no aptos, no tienen, cabe recordar, la excusa de Platón: que mintió en un período anterior a la presentación de los ideales y principios cristianos. — 230
– Frederick Charles Copleston –

D. Martyn Lloyd-Jones

No los conozco, amigos míos, no individualmente, a la mayoría de ustedes, pero esto es lo maravilloso del trabajo de un predicador: no necesita conocer a su congregación. ¿Saben por qué? Porque sé lo más importante de cada uno de ustedes, y es que cada uno de ustedes es un vil pecador. No me importa quiénes sean, porque todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios. No me importa qué forma particular tome su pecado. Hoy en día se le presta mucha atención a eso. Al predicador no le interesa eso. No quiero un catálogo de sus pecados. No me importa cuáles sean sus pecados. Pueden ser muy respetables o pueden ser atroces, viles, inmundos, sucios. No importa, gracias a Dios. Pero lo que tengo autoridad para decirles es esto. Aunque seas el hombre o la mujer más vil que jamás se haya conocido, y aunque hasta este momento hayas vivido tu vida en las cloacas y los burdeles del pecado en toda su forma, te digo esto: sabed que por medio de este hombre, este Señor Jesucristo, se os anuncia el perdón de los pecados. Y por él todos los que creen, incluyéndote a ti, son justificados en este mismo instante completa y totalmente de todo lo que hayan hecho, si creen que este es el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, y que murió allí en la cruz, por tus pecados y para llevar tu castigo. Si crees eso, y le das gracias por ello, y confías completamente solo en él y en lo que ha hecho, te digo, en el nombre de Dios, que todos tus pecados son borrados por completo, como si nunca hubieras pecado en tu vida, y su justicia es puesta sobre ti y Dios te ve perfecto en su Hijo. Ese es el mensaje de la cruz, esa es la predicación cristiana: que es nuestro Señor quien nos salva, muriendo en la cruz, y que nada más puede salvarnos, sino que Él puede salvar a todo aquel que cree en Él.
– D. Martyn Lloyd-Jones –