Etiqueta: democracia

Robert Higgs

El gobierno, tal como lo conocemos hoy en día en Estados Unidos y otros países económicamente avanzados, es tan manifiestamente horripilante, corrupto, contraproducente y francamente perverso, que uno podría preguntarse cómo sigue gozando de tanta legitimidad popular y siendo percibido tan ampliamente no solo como tolerable, sino como indispensable. La respuesta, en su gran mayoría, puede reducirse a una fórmula de dos partes: sobornos y engaños (clásicamente, «pan y circo»). Bajo la primera rúbrica se engloba la vasta gama de «beneficios» y privilegios gubernamentales de todo tipo, desde subsidios y privilegios corporativos hasta subvenciones y contratos profesionales, pasando por prestaciones sociales y atención médica para personas de bajos ingresos y otros miembros del lumpenproletariado. Bajo la segunda rúbrica se engloban medidas como las escuelas públicas, los medios de comunicación serviles al gobierno y la colaboración del gobierno con los productores de eventos deportivos profesionales y películas de Hollywood. Vistas como un todo semiintegrado, estas medidas otorgan a los gobiernos actuales un fuerte control sobre la lealtad pública e infunden tanto en las masas como en las élites un profundo temor a cualquier cosa que amenace seriamente el statu quo.
– Robert Higgs –

Auberon Herbert

¿Por qué querrías obligar a otros? ¿Por qué querrías tener poder —esa cosa malvada, amarga y burlona, que desde la antigüedad, como lo es hoy, es la tristeza y la maldición del mundo— sobre tus semejantes? ¿Por qué querrías arrebatarles a hombres y mujeres su voluntad e inteligencia, su libre albedrío, su autodeterminación, sus derechos inalienables sobre sí mismos? ¿Por qué querrías convertirlos en meras herramientas e instrumentos para tu propio beneficio e interés? ¿Por qué querrías obligarlos a servir y seguir tus opiniones en lugar de las suyas? ¿Por qué negarles el alma —que sufre tan profundamente con toda restricción— y tratarlos como una hoja en blanco sobre la que escribir tu propia voluntad y tus deseos, sean cuales sean? ¿Quién te dio el derecho, de dónde pretendes haberlo recibido, de degradar a otros hombres y mujeres, privándolos de su verdadera condición humana, arrebatándoles su voluntad, su conciencia y su inteligencia; en una palabra, todo lo mejor y más elevado de su naturaleza, convirtiéndolos en meras cáscaras vacías e inútiles, simples sombras del verdadero ser humano, meras fichas en el juego que, con tu insensatez, te atreves a jugar. ¿Y solo porque eres más numeroso o más fuerte que ellos, los tratas como si no les pertenecieran a sí mismos, sino a ti? ¿Puedes creer que el bien llegará alguna vez degradando moral y espiritualmente a tus semejantes? ¿Qué forma de sociedad feliz, segura y permanente puedes esperar construir sobre este lamentable plan de someter a los demás, o de ser sometido por ellos?
– Auberon Herbert –