Etiqueta: Las cosas que llevaban consigo

Tim O'Brien

Generalizar sobre la guerra es como generalizar sobre la paz. Casi todo es cierto. Casi nada es cierto. En esencia, quizás, la guerra no sea más que otro nombre para la muerte, y sin embargo, cualquier soldado te dirá, si dice la verdad, que la cercanía a la muerte conlleva una cercanía correspondiente a la vida. Después de un tiroteo, siempre está el inmenso placer de la vitalidad. Los árboles están vivos. La hierba, la tierra, todo. A tu alrededor las cosas están puramente vivas, y tú entre ellas, y la vitalidad te hace temblar. Sientes una conciencia intensa, extracorpórea, de tu ser vivo, tu ser más auténtico, el ser humano que quieres ser y en el que te conviertes por la fuerza de ese deseo. En medio del mal quieres ser un buen hombre. Quieres decencia. Quieres justicia, cortesía y concordia humana, cosas que nunca supiste que querías. Hay una especie de grandeza en ello, una especie de divinidad. Aunque parezca extraño, nunca estás más vivo que cuando estás al borde de la muerte. Reconoces lo que es valioso. Recién nacido, como por primera vez, amas lo mejor de ti mismo y del mundo, todo lo que podría perderse. Al atardecer, te sientas en tu trinchera y contemplas un río ancho que se torna rojo rosado, y las montañas más allá, y aunque por la mañana debes cruzar el río, adentrarte en las montañas, hacer cosas terribles y tal vez morir, aun así, te encuentras estudiando los hermosos colores del río, sientes asombro y admiración ante la puesta de sol, y te inunda un amor duro y doloroso por cómo el mundo podría ser y siempre debería ser, pero ahora no lo es.
– Tim O’Brien –