
Si pudiera darle un mordisco al mundo entero y sentirlo en mi paladar, sería más feliz por un minuto o dos… Pero no siempre quiero ser feliz. A veces tienes que ser infeliz para ser natural… No todos los días son soleados. Cuando no ha llovido por un tiempo, rezas para que llegue. Así que acepto la infelicidad con la felicidad, naturalmente, como alguien a quien no le resulta extraño que haya montañas y llanuras, y que haya acantilados y hierba… Lo que necesitas es ser natural y tranquilo, en la felicidad y en la infelicidad, sentir como alguien que ve, pensar como alguien que camina, y cuando llegue el momento de morir, recordar que el día muere, y que la puesta de sol es hermosa, y la noche interminable es hermosa… Así es y así debería ser…
el guardián de las ovejas

Alberto Caeiro
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