
La pregunta me atormentaba, y la verdadera respuesta llegó, como suele suceder, no en el cañón, sino en un momento improbable y en un lugar inesperado, sobrevolando el cañón a treinta mil pies de altura, camino a convertirme en abuela. Con la mente en otras cosas, con la intención de solo echar un vistazo, la exquisita pequeñez y delicadeza del río me sorprendieron por completo. En la bruma de la madrugada, el cañón yacía envuelto en una bruma, el río salpicado de destellos plateados, reducido a una delgada línea de memoria, borroso por una repentina comprensión que nubló mi visión. La asombrosa sensación de conexión con ese río y cañón me tomó completamente desprevenida, y en un instante comprendí la intensa y protectora lealtad que tantas personas sienten por el río Colorado en el Gran Cañón. Tiene que ver con la verdad, la belleza y el amor por esta tierra, los recuerdos de toda una vida y el canto de un reyezuelo de cañón al amanecer.
Descenso al Gran Cañón: Un naturalista explora el río Colorado a través del Gran Cañón.

Ann Zwinger
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