
En tiempos de Lewis y Clark, prender fuego a las praderas era una señal bien conocida que significaba: «Bajad al agua». Era un gesto extravagante, pero nosotros no podemos hacer menos. Si el paisaje revela una certeza, es que el gesto extravagante es la esencia misma de la creación. Tras el gesto extravagante de la creación, el universo ha seguido traficando exclusivamente con extravagancias, arrojando complejidades y colosos a través de eones de vacío, acumulando profusión sobre derroches con un vigor siempre renovado. Todo el espectáculo ha estado en llamas desde el principio. Bajo al agua para refrescarme la vista. Pero mire donde mire, veo fuego: lo que no es pedernal es yesca, y el mundo entero chisporrotea y arde.
peregrina en Tinker Creek

Annie Dillard
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