
Oh, son misteriosas noches iluminadas por faroles, aquí en la galaxia, una tras otra. Es una de esas noches en que deambulo de ventana en ventana, buscando una señal. Pero no puedo ver. El terror y una belleza insoluble son una cinta azul entretejida en los flecos de las vestiduras de cosas grandes y pequeñas. Ninguna cultura lo explica, ningún vivac ofrece verdadero refugio o descanso. Pero podría ser que no estemos viendo algo. Galileo pensaba que los cometas eran una ilusión óptica. Este es un terreno fértil: puesto que estamos seguros de que no lo son, podemos mirar lo que dicen los científicos con renovada esperanza. ¿Y si realmente existen ciudades almenadas resplandecientes colgadas boca abajo sobre la arena del desierto? ¿Qué lagos límpidos y palmeras datileras frescas han pasado de largo nuestras caravanas sin explorar? Hasta que, uno a uno, con el más ciego de los saltos, iluminemos el camino hacia estos lugares, debemos tropezar en la oscuridad y el hambre.
Peregrino en Tinker Creek

Annie Dillard
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