
La puerta de acero del incinerador se levantó y el zumbido apagado del fuego eterno se convirtió en un rugido rojo. El calor se abalanzó sobre ellos como una bestia hambrienta. Entonces, la Ammu de Rahel fue arrojada a ella. Su cabello, su piel, su sonrisa. Su voz. La forma en que usaba a Kipling para amar a sus hijos antes de acostarlos: Somos de una sola sangre, aunque yo. Su beso de buenas noches. La forma en que sostenía sus rostros firmes con una mano (mejillas aplastadas, boca de pez) mientras separaba y peinaba su cabello con la otra. La forma en que le tendía las bragas a Rahel para que se subiera. Pierna izquierda, pierna derecha. Todo esto fue arrojado a la bestia, y esta quedó satisfecha. Ella era su Ammu y su Baba y los había amado Doblemente.
El Dios de las Cosas Pequeñas

Arundhati Roy
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras