
Srinagar es una ciudad medieval que agoniza en una guerra moderna. Son calles vacías, tiendas cerradas, soldados furiosos y muchachos con piedras. Son miles de búnkeres militares, cuatro campos de golf y tres librerías. Son políticos astutos que repiten sus mentiras sobre la guerra y la paz ante las cámaras de televisión y pequeños grupos congregados por la promesa de un trabajo esquivo o una paga diaria de unos cientos de rupias. Es detenerse en las aceras y los semáforos cuando los convoyes de gobernantes y sus protectores en vehículos blindados, protegidos por ametralladoras, retumban por carreteras destrozadas. Es mirar hacia atrás o apartar la vista, resignada. Srinagar nunca gana ni es derrotada.
Noche de toque de queda

Basharat Peer
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