
En la superficie de nuestras vidas, éramos casi desconocidos, pero compartíamos una visión particular de la vida y el destino humanos que, desde el primer momento, forjó un vínculo de extrema fuerza… En nuestro primer encuentro, hablamos con una intimidad cada vez mayor. Parecíamos sumergirnos en capas superficiales, hasta que, poco a poco, ambos alcanzamos la esencia misma. Fue una experiencia como ninguna otra que haya vivido. Nos miramos a los ojos, entre atónitos y embriagados por encontrarnos juntos en semejante territorio. La emoción era tan intensa como el amor apasionado, y a la vez, lo abarcaba todo. Salí de allí desconcertado, apenas capaz de orientarme en los asuntos cotidianos.
Retratos de la memoria y otros ensayos

Bertrand Russell
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