
Los libros ya eran un refugio familiar, después de todo, y aún me acogían sin el menor juicio. No se acercan a ti como lo hace una persona. Puedes sentir que no perteneces a ningún lugar, y menos aún a tu propia casa; puedes sentirte atado a una persona cuyas acciones aborreces, pero incapaz de desvincularte, luchando por individualizarte a su sombra. «Todos estos sentimientos que no te atreverías a articular a otra persona, por muy preparada que esté», pero puedes entregarte por completo a los libros, sin filtros. Puedes preguntarles cualquier cosa, y aunque tengas que buscar las palabras adecuadas, aunque la respuesta llegue de forma indirecta, siempre te hablarán, siempre te dejarán entrar.
Perla

Carolina De Robertis
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