
No le habían inculcado hábitos de aplicación ni de concentración. El sistema, que se dirigía a él exactamente igual que a cientos de otros muchachos, todos con distintos caracteres y capacidades, le había permitido completar sus tareas con rapidez, siempre con mérito y a menudo con distinción, pero de una manera intermitente y deslumbrante que confirmaba su dependencia de aquellas cualidades que más se deseaba dirigir y cultivar. Eran buenas cualidades, sin las cuales no se puede alcanzar un puesto importante con mérito, pero como el fuego y el agua, aunque excelentes sirvientes, eran pésimos amos. Si hubieran estado bajo la dirección de Richard, habrían sido sus aliadas; pero estando Richard bajo su dirección, se convirtieron en sus enemigas.
Casa sombría

Charles Dickens
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