Chelsie Shakespeare

Mis ojos se fijaron en una mujer delicada que estaba sentada de espaldas en la barra. Delicada, porque sabía que si tocara su piel, sería suave como un melocotón, del tipo de mujer cuyo aroma casi se podía percibir desde dentro del local. En lugar de mirar a Andy, le daba la espalda, vigilando la puerta. Debía ser ella. Su cabello era exquisito. Era, sin duda, la mujer más hermosa que jamás había visto. Una corona dorada de trenzas y rizos realzaba su piel bronceada. Su vestido le sentaba de maravilla, y en ese instante, la necesitaba más que el aire.
– Chelsie Shakespeare –


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Mis ojos se fijaron en una mujer delicada que estaba sentada de espaldas en la barra. Delicada, porque sabía que si tocara su piel, sería suave como un melocotón, del tipo de mujer cuyo aroma casi se podía percibir desde dentro del local. En lugar de mirar a Andy, le daba la espalda, vigilando la puerta. Debía ser ella. Su cabello era exquisito. Era, sin duda, la mujer más hermosa que jamás había visto. Una corona dorada de trenzas y rizos realzaba su piel bronceada. Su vestido le sentaba de maravilla, y en ese instante, la necesitaba más que el aire.

El tirón


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Chelsie Shakespeare


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