
La esperanza tiene un precio. La esperanza no es cómoda ni fácil. La esperanza requiere riesgo personal. No se trata de la actitud correcta. La esperanza no se trata de paz mental. La esperanza es acción. La esperanza es hacer algo. Cuanto más fútil, más inútil, más irrelevante e incomprensible sea un acto de rebelión, más vasta y poderosa se vuelve la esperanza. La esperanza nunca tiene sentido. La esperanza es débil, desorganizada y absurda. La esperanza, que siempre es no violenta, expone en su impotencia las mentiras, el fraude y la coerción empleados por el Estado. La esperanza sabe que una injusticia infligida a nuestro prójimo es una injusticia infligida a todos nosotros. La esperanza postula que las personas son atraídas al bien por el bien. Este es el secreto del poder de la esperanza. La esperanza exige para los demás lo que exigimos para nosotros mismos. La esperanza no nos separa de ellos. La esperanza ve en nuestro enemigo nuestro propio rostro.

Chris Hedges
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