
medida que crecía, principalmente en mi ausencia, mi primogénito, Alexander, se volvía cada vez más ingenioso y valiente. Llegó un momento, cuando la confrontación con los enemigos de nuestra civilización se agudizó, en que envió varias solicitudes para alistarse en las fuerzas armadas. Yo no quería involucrarme en esa decisión, sobre todo porque me criticaban constantemente por no haber enviado a ninguno de mis hijos a luchar en las guerras de resistencia que apoyaba. (¡Como si yo pudiera enviar a alguien, y mucho menos a un joven adulto, fuerte e inteligente! ¡En qué ineptos morales se han convertido los que se oponen a la guerra!).
Hitch-22: Unas memorias

Christopher Hitchens
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