
Si quieres enseñar a tus hijos que son instrumentos de Dios, mejor no les enseñes que son sus armas, o tendremos que oponernos firmemente: tu doctrina no tiene gloria, ni derechos especiales, ni mérito intrínseco e inalienable. Si insistes en enseñarles falsedades —que la Tierra es plana, que el ser humano no es producto de la evolución por selección natural—, entonces debes esperar, como mínimo, que quienes gozamos de libertad de expresión nos sintamos libres de calificar tus enseñanzas como la propagación de falsedades, e intentaremos demostrárselo a tus hijos cuanto antes. Nuestro bienestar futuro —el bienestar de todos los habitantes del planeta— depende de la educación de nuestros descendientes.
La peligrosa idea de Darwin: la evolución y el significado de la vida.

Daniel C. Dennett
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