
Ahora quiero examinar una segunda característica fundamental de la civilización occidental que proviene del cristianismo. Se trata de lo que el filósofo Charles Taylor denomina la «afirmación de la vida cotidiana». Es la sencilla idea de que las personas comunes son falibles, y sin embargo, estas personas falibles importan. Desde esta perspectiva, la sociedad debe organizarse para atender sus preocupaciones cotidianas, que se elevan a una especie de marco espiritual. La familia nuclear, la idea de un gobierno limitado, el concepto occidental del estado de derecho y el gran énfasis que nuestra cultura pone en el alivio del sufrimiento derivan de esta comprensión cristiana básica de la dignidad de los seres humanos falibles.
¿Qué tiene de maravilloso el cristianismo?

Dinesh D’Souza
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