
Cada novela bien escrita contribuye al acervo de conocimiento disponible para el siguiente escritor, pero este debe pagar, siempre, un porcentaje mínimo de experiencia para comprender y asimilar lo que le pertenece por derecho propio y aquello de lo que debe desprenderse. Si un prosista conoce bien el tema, puede omitir detalles, y el lector, si escribe con sinceridad, los percibirá con la misma intensidad que si los hubiera mencionado explícitamente. La majestuosidad del movimiento de un iceberg reside en que solo una octava parte sobresale del agua. Un escritor que omite información por desconocimiento solo crea vacíos en su obra. Un escritor que valora tan poco la seriedad de la escritura que se empeña en demostrar su educación formal, su cultura o su buena educación, no es más que un petulante. Y recordemos también esto: un escritor serio no debe confundirse con un escritor solemne. Un escritor serio puede ser un halcón, un buitre o incluso un petulante, pero un escritor solemne siempre es un maldito búho.
Muerte por la tarde

Ernest Hemingway
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