
No es coincidencia que precisamente cuando las cosas empezaron a ir mal con los dioses, la política adquirió su carácter de generadora de dicha. No habría razón para oponerse a esto, ya que los dioses tampoco eran precisamente justos. Pero al menos la gente veía templos en lugar de arquitectura de termitas. La dicha se acerca; ya no está en el más allá, llegará, aunque no momentáneamente, tarde o temprano en el aquí y ahora, con el tiempo. El anarquista piensa de forma más primitiva; se niega a renunciar a su felicidad. «Hazte feliz» es su ley básica. Es su respuesta al «Conócete a ti mismo» en el templo de Apolo en Delfos. Estas dos máximas se complementan; debemos conocer nuestra felicidad y nuestra medida.
Eumeswil

Ernst Jünger
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