
La perfección humana y la perfección técnica son incompatibles. Si aspiramos a una, debemos sacrificar la otra: en cualquier caso, se produce una separación. Quien comprenda esto, hará un trabajo más limpio de una forma u otra. La perfección técnica aspira a lo calculable, la perfección humana a lo incalculable. Los mecanismos perfectos —alrededor de los cuales, por lo tanto, se alza un halo de brillantez inquietante pero fascinante— evocan tanto temor como orgullo titánico, que no se verá humillado por la comprensión, sino solo por la catástrofe. El temor y el entusiasmo que experimentamos al contemplar mecanismos perfectos contrastan exactamente con la felicidad que sentimos al contemplar una obra de arte perfecta. Percibimos un ataque a nuestra integridad, a nuestra plenitud. Que se pierdan o se dañen brazos y piernas no es aún el mayor peligro.
Las abejas de cristal

Ernst Jünger
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