Esther Dalseno

Así, la sirenita descubrió la mayor paradoja de su mundo: que su moneda de cambio era la belleza, y su moneda eran partes del cuerpo.
– Esther Dalseno –


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Así, la sirenita descubrió la mayor paradoja de su mundo: que su moneda de cambio era la belleza, y su moneda eran partes del cuerpo.

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