
Ninguno de tus conocimientos, tus lecturas, tus contactos serán de utilidad aquí: dos piernas bastan, y unos ojos grandes para ver. Camina solo, a través de montañas o bosques. No eres nadie para las colinas ni para las ramas gruesas cargadas de verdor. Ya no eres un rol, ni un estatus, ni siquiera un individuo, sino un cuerpo, un cuerpo que siente las piedras afiladas en los senderos, la caricia de la hierba alta y la frescura del viento. Cuando caminas, el mundo no tiene ni presente ni futuro: nada más que el ciclo de mañanas y tardes. Siempre lo mismo que hacer todo el día: caminar. Pero el caminante que se maravilla mientras camina (el azul de las rocas a la luz de un atardecer de julio, el verde plateado de las hojas de olivo al mediodía, las colinas violetas de la mañana) no tiene pasado, ni planes, ni experiencia. Lleva dentro de sí al niño eterno. Mientras camino, no soy más que una simple mirada.
Una filosofía del caminar

Frédéric Gros
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