
La receta para convertirse en un buen novelista, por ejemplo, es fácil de dar, pero llevarla a cabo presupone cualidades que uno suele pasar por alto cuando dice «No tengo suficiente talento». Basta con hacer un centenar de esbozos para novelas, ninguno de más de dos páginas, pero con tal claridad que cada palabra sea necesaria; se deben escribir anécdotas a diario hasta aprender a darles la forma más impactante y efectiva; se debe ser incansable en la recopilación y descripción de tipos y personajes humanos; sobre todo, se debe contar cosas a los demás y escuchar a los demás contar, manteniendo los ojos y los oídos bien abiertos para percibir el efecto que se produce en los presentes; se debe viajar como un paisajista o un diseñador de vestuario; se debe extraer de las distintas ciencias todo aquello que produzca un efecto artístico al estar bien descrito; finalmente, se debe reflexionar sobre los motivos de las acciones humanas, no desdeñar ninguna indicación sobre ellas y ser un coleccionista de estas cosas día y noche. Se debería continuar con este ejercicio multifacético durante unos diez años: lo que se cree entonces en el taller, sin embargo, estará listo para salir al mundo. ¿Pero qué hace la mayoría de la gente? Empiezan, no con las partes, sino con el todo. Quizás por casualidad den con la nota correcta, captan la atención y, a partir de ahí, dan notas cada vez peores, por razones lógicas y comprensibles.
Humano, demasiado humano

Friedrich Nietzsche
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras