
«Todos ustedes son soldados de Cristo», dijo, «y ahora se les da la oportunidad de demostrar que son dignos soldados. Cuando las tropas de un monarca terrenal van a la batalla, lo hacen con la cabeza erguida, con porte orgulloso y resuelto, con la mirada brillante y con gran valentía, decididos a llevar en alto su estandarte y coronarlo con la victoria, aunque les cueste la vida. Tal es la actitud que los soldados de Cristo deben tener en la lucha mortal que ahora nos rodea. Que muestren la misma valentía ante la muerte, el mismo gran valor, la misma confianza ilimitada en su Líder. ¿Qué importa si mueren en su servicio? Él les ha dicho cuál debe ser su labor. Les ha mandado visitar a los enfermos y consolar a los afligidos. ¿Qué importa si hay peligro en la obra? ¿Acaso se acobardó ante la Cruz que iba a poner fin a su obra de amor, y es acaso para sus seguidores hacerlo? «Aunque desciendan al abismo», ha dicho, «allí también estoy yo»; y con su compañía, uno debe ser verdaderamente cobarde para temblar. Esta es una noble oportunidad para enarbolar la bandera de Cristo. Hay trabajo por hacer para todos, y al realizarlo, quienes lo llevan a cabo deben ver, por la serenidad, la alegría y la paciencia de quienes lo hacen, que saben que están haciendo Su obra y que se contentan con dejar el resultado, sea cual sea, en Sus manos.

GA Henty
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras