
La muerte no es nada en absoluto. No cuenta. Solo me he escabullido a la habitación de al lado. No ha pasado nada. Todo sigue exactamente igual. Yo soy yo, y tú eres tú, y la antigua vida que compartimos con tanto cariño permanece intacta, inalterada. Lo que fuimos el uno para el otro, seguimos siéndolo. Llámame por mi antiguo nombre. Háblame con la misma naturalidad de siempre. No cambies tu tono. No finjas solemnidad ni tristeza. Ríe como siempre reíamos de las pequeñas bromas que disfrutábamos juntos. Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí. Que mi nombre siga siendo tan familiar como siempre. Que se pronuncie sin esfuerzo, sin la más mínima sombra. La vida significa todo lo que siempre ha significado. Es la misma de siempre. Hay una continuidad absoluta e ininterrumpida. ¿Qué es la muerte sino un accidente insignificante? ¿Por qué debería olvidarme solo porque ya no estoy a la vista? Solo te estoy esperando, por un breve instante, muy cerca, a la vuelta de la esquina. Todo está bien. Nada se daña; nada se pierde. Un breve instante y todo volverá a ser como antes. ¡Cómo nos reiremos de la tristeza de la despedida cuando nos volvamos a encontrar!
La muerte no es nada en absoluto

Henry Scott Holland
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