
La metafísica, una rama del conocimiento racional completamente aislada y especulativa, que se eleva por encima de toda enseñanza de la experiencia y se basa únicamente en conceptos (no, como las matemáticas, en su aplicación a la intuición), en la que la razón, por lo tanto, se supone que es su propia discípula, no ha tenido hasta ahora la fortuna de asentarse en el camino seguro de una ciencia, aunque es más antigua que todas las demás y sobreviviría incluso si todas las demás fueran engullidas por el abismo de una barbarie destructora. La razón en la metafísica, aun cuando intenta, como profesa, obtener únicamente una comprensión *a priori* de aquellas leyes que son confirmadas por nuestra experiencia más común, se ve constantemente obstaculizada, y nos vemos obligados una y otra vez a retroceder, ya que no nos conducen a donde queremos ir. En cuanto a la unanimidad entre sus participantes, la metafísica es tan escasa que se ha convertido más bien en un terreno propicio para quienes desean ejercitarse en simulacros de lucha, donde ningún combatiente ha logrado aún obtener ni un ápice de terreno que pueda considerar de su propiedad. No cabe duda, por tanto, de que el método metafísico ha consistido hasta ahora en una mera búsqueda a tientas, y, lo que es peor, en tantear entre meros conceptos. ¿Cuál es, entonces, la razón por la que aún no se ha encontrado este camino científico seguro? ¿Es esto, acaso, imposible? En ese caso, ¿por qué la naturaleza habría dotado a nuestra razón de la incansable aspiración de buscarlo, convirtiéndolo en una de sus principales preocupaciones? Es más, ¡cuánto menos justificado estaríamos al confiar en nuestra razón, con respecto a uno de los objetos más importantes de los que deseamos conocimiento, pues no solo nos abandona, sino que nos engaña con ilusiones, y al final nos traiciona! O, si hasta ahora solo hemos fracasado en dar con el camino correcto, ¿qué indicios hay para que esperemos que, si renovamos nuestra búsqueda, tengamos más éxito que quienes nos precedieron? —de _Crítica de la razón pura_. Prefacio a la segunda edición. Traducido, editado y con introducción de Marcus Weigelt, basado en la traducción de Max Müller, pág. 17.

Immanuel Kant
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