
Todo signo, lingüístico o no lingüístico, hablado o escrito (en el sentido habitual de esta oposición), como una unidad pequeña o grande, puede citarse, ponerse entre comillas; de este modo, puede romper con cualquier contexto dado y generar infinitos contextos nuevos de forma absolutamente insaturable. Esto no supone que la marca sea válida fuera de su contexto, sino, por el contrario, que solo existen contextos sin un centro de anclaje absoluto. Esta citabilidad, duplicación o duplicidad, esta iterabilidad de la marca no es un accidente ni una anomalía, sino aquello (normal/anormal) sin lo cual una marca ya no podría tener ni siquiera un funcionamiento considerado «normal». ¿Qué sería una marca que no se pudiera citar? ¿Y cuyo origen no pudiera perderse por el camino?
Los márgenes de la filosofía

Jacques Derrida
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