
Entonces empezamos a comprender: no hubo ningún momento milagroso. Aunque para quienes lo veían desde fuera pudiera parecer un avance repentino, para quienes experimentaban la transformación desde dentro era todo lo contrario. Se trataba, más bien, de un proceso silencioso y deliberado para descubrir qué se necesitaba hacer para lograr los mejores resultados futuros y, a partir de ahí, simplemente dar esos pasos, uno tras otro, como si se tratara de un ciclo continuo. Tras impulsar ese ciclo de forma constante durante un periodo prolongado, inevitablemente llegaban a un punto de inflexión.
De bueno a excelente: por qué algunas empresas dan el salto… y otras no.

James C. Collins
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