
Pues, según él mismo habría dicho, no le importaban las mujeres; nunca se sintió cómodo ni a gusto con ellas; y esa criatura monstruosa de la que empezaba a hablarse, la Nueva Mujer de los noventa, le llenaba de horror. Era una persona tranquila y convencional, y el mundo, visto desde el refugio de Brookfield, le parecía lleno de innovaciones desagradables; estaba un tipo llamado Bernard Shaw con las opiniones más extrañas y reprobables; también estaba Ibsen, con sus obras inquietantes; y estaba esa nueva moda de las bicicletas que adoptaban tanto hombres como mujeres. Chips no compartía toda esa modernidad y libertad. Tenía una vaga idea, si es que alguna vez la formuló, de que las mujeres buenas eran débiles, tímidas y delicadas, y que los hombres buenos las trataban con una caballerosidad educada pero algo distante.
Adiós, Sr. Chips

James Hilton
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