
Parece que a varios místicos antiguos les costaba explicar, con sus lenguas arcaicas carentes de las palabras para detallar “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, el concepto de la Trinidad siendo malinterpretado por un buen anfitrión. El Padre es la Divinidad inmutable e inmóvil de donde fluye el Espíritu Santo a todo lo que se extiende. El Hijo, una expresión física en aquellos cuyo yo está muerto. Dios no puede ser recibido plenamente si el “yo” ocupa espacio. El sentido de la individualidad desaparece sin dejar rastro. La naturaleza superior de Dios es informe, no manifestada. De ella emana este mundo cambiante de formas. Todo es Dios, en Dios, inclusivamente infinito, inasible para la mente-cerebro y su comprensión inferior. La gente se pregunta: “Vale, pero ¿qué creó a Dios?”. Contempla “Eterno” o “Infinito” para ver la pregunta errónea. Todo es la Mente de Dios sin excepción, incluida tu Mente antes de la concepción. Nada informe, pero infinitamente Todo, pero ambos, pero ninguno, porque está más allá de la explicación.
Amor Omnisciente: Un poema espiritual épico

Jarett Sabirsh
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