
Una vez salí con una mujer que solo me gustaba un 43%. Así que solo escuché el 43% de lo que decía. Solo dije la verdad el 43% del tiempo. Y solo besé con el 43% de mis labios. Algunos dicen que no se puede cuantificar el deseo, que ponerle un número a la pasión no está bien, que el corazón humano no funciona así. Pero para mí sí funciona: camino por la calle y aparecen números en las frentes de la gente que miro. En los bares, es peor. Con cada trago, los números suben hasta que todas las mujeres del local tienen un borroso ochenta y algo sobre sus cejas, y al día siguiente solo puedo recordar el 17% de lo que realmente pasó. Ese es el problema con el alcohol: te trastorna las matemáticas.

Jeffrey McDaniel
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