
El espíritu de esclavitud obra por temor, pues el esclavo teme el castigo; pero el amor clama: «¡Abba, Padre!». Nos impulsa a acudir a Dios y a comportarnos con Él como hijos; nos da clara evidencia de nuestra unión con Dios como hijos suyos, y así expulsa el temor. De modo que parece que el testimonio del Espíritu del que habla el apóstol dista mucho de ser un susurro, una sugerencia inmediata o una revelación; sino que se trata del efecto santo y misericordioso del Espíritu de Dios en los corazones de los santos, la disposición y el carácter de niños, que se manifiesta en un dulce amor infantil hacia Dios, lo cual expulsa el temor o el espíritu de esclavitud.
Los afectos religiosos

Jonathan Edwards
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