Jonathan Edwards

Si se elimina toda la belleza y dulzura moral de la Palabra, la Biblia se convierte en letra muerta, algo árido, sin vida e insípido. En esto se ve el verdadero fundamento de nuestro deber, la dignidad de Dios para ser tan estimado, honrado, amado, sometido y servido, como Él nos lo exige, y la amabilidad de los deberes mismos que se nos exigen. Y en esto se ve la verdadera maldad del pecado; pues quien ve la belleza de la santidad necesariamente debe ver la odiosidad del pecado, su contrario. Por esto los hombres comprenden la verdadera gloria del cielo, que consiste en la belleza y la felicidad que hay en la santidad. Por esto se ve la amabilidad y la felicidad tanto de los santos como de los ángeles. Quien ve la belleza de la santidad, o el verdadero bien moral, ve lo más grande e importante del mundo, que es la plenitud de todas las cosas, sin la cual todo el mundo está vacío, no mejor que la nada, sí, peor que la nada. A menos que esto se vea, no se ve nada que valga la pena ver; Pues no existe otra verdadera excelencia ni belleza. Si esto no se comprende, nada se comprende que sea digno del ejercicio de la noble facultad del entendimiento. Esta es la belleza de la Divinidad, y la divinidad de la Divinidad (si se me permite decirlo), el bien de la Fuente infinita del bien; sin la cual, Dios mismo (si eso fuera posible) sería un mal infinito; sin la cual nosotros mismos haríamos bien en no haber existido; y sin la cual haríamos bien en no existir.
– Jonathan Edwards –


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Si se elimina toda la belleza y dulzura moral de la Palabra, la Biblia se convierte en letra muerta, algo árido, sin vida e insípido. En esto se ve el verdadero fundamento de nuestro deber, la dignidad de Dios para ser tan estimado, honrado, amado, sometido y servido, como Él nos lo exige, y la amabilidad de los deberes mismos que se nos exigen. Y en esto se ve la verdadera maldad del pecado; pues quien ve la belleza de la santidad necesariamente debe ver la odiosidad del pecado, su contrario. Por esto los hombres comprenden la verdadera gloria del cielo, que consiste en la belleza y la felicidad que hay en la santidad. Por esto se ve la amabilidad y la felicidad tanto de los santos como de los ángeles. Quien ve la belleza de la santidad, o el verdadero bien moral, ve lo más grande e importante del mundo, que es la plenitud de todas las cosas, sin la cual todo el mundo está vacío, no mejor que la nada, sí, peor que la nada. A menos que esto se vea, no se ve nada que valga la pena ver; Pues no existe otra verdadera excelencia ni belleza. Si esto no se comprende, nada se comprende que sea digno del ejercicio de la noble facultad del entendimiento. Esta es la belleza de la Divinidad, y la divinidad de la Divinidad (si se me permite decirlo), el bien de la Fuente infinita del bien; sin la cual, Dios mismo (si eso fuera posible) sería un mal infinito; sin la cual nosotros mismos haríamos bien en no haber existido; y sin la cual haríamos bien en no existir.

Los afectos religiosos


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Jonathan Edwards


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