
Aquí debemos tener en cuenta una de las distinciones conceptuales de Santo Tomás, que a primera vista parece una objeción innecesaria. Se trata de la distinción entre la felicidad «increada» y la «creada». Tenemos aquí algo que, si bien no es del todo obvio, tiene profundas consecuencias para nuestra percepción de la vida. A saber: lo que realmente nos hace felices es la riqueza infinita e increada de Dios; pero la participación en ella, la felicidad misma, es una realidad enteramente «creacional», gobernada desde dentro por nuestra humanidad; no es algo que nos invada de forma abrumadora desde fuera. Es decir, no es solo algo que nos sucede; nosotros mismos participamos intensamente de nuestra propia felicidad. La bienaventuranza —dice Tomás— no puede concebirse como una mera condición objetiva de la mera existencia. No es una simple cualidad, ni pura pasividad, ni un mero sentimiento. Es algo que tiene lugar en el núcleo alerta de la mente… La felicidad es un acto y una actividad del alma.
Felicidad y contemplación

Josef Pieper
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