
Ahora debes elegir… ¿Eres un niño que aún no se ha cansado del mundo? ¿O eres un filósofo que jura no cansarse jamás? Para los niños, el mundo y todo lo que contiene es nuevo, algo que despierta asombro. No ocurre lo mismo con los adultos. La mayoría de los adultos aceptan el mundo como algo natural. Es precisamente aquí donde los filósofos constituyen una notable excepción. Un filósofo nunca se acostumbra del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue pareciendo un tanto irracional, desconcertante, incluso enigmático. Filósofos y niños pequeños, por lo tanto, comparten una facultad importante. Lo único que necesitamos para ser buenos filósofos es la capacidad de asombro…
El mundo de Sophie

Jostein Gaarder
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