
Estas historias eran muy antiguas, tan antiguas como la humanidad, y habían sobrevivido porque eran realmente poderosas. Eran relatos que resonaban en la mente mucho después de que los libros que las contenían fueran desechados. Eran a la vez una evasión de la realidad y una realidad alternativa en sí mismas. Eran tan antiguas y tan extrañas que habían encontrado una especie de existencia independiente de las páginas que ocupaban. El mundo de los viejos relatos existía paralelamente al nuestro, pero a veces los muros que los separaban se volvían tan delgados y frágiles que los dos mundos comenzaban a fundirse. Ahí fue cuando comenzaron los problemas. Ahí fue cuando llegaron las cosas malas. Ahí fue cuando el Hombre Torcido comenzó a aparecerse a David.
El libro de las cosas perdidas

Juan Connolly
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