
Hay una taberna cerca de los muelles. Él está allí casi todas las noches.»»Entonces hablaré con él esta noche», dijo Halt. «Puedes intentarlo. Pero es un caso difícil, Halt. No estoy seguro de que consigas algo de él. No le interesa el dinero. Ya lo intenté.»»Bueno, tal vez lo haga por bondad. Estoy seguro de que se abrirá conmigo», dijo Halt con naturalidad. Pero Horace notó un brillo en sus ojos. Tenía razón: la perspectiva de tener algo que hacer había reavivado el ánimo de Halt. Tenía una cuenta pendiente, y Horace se encontró pensando que eso no auguraba nada bueno para este tal Black O’Malley. Will miró a Halt con recelo, sin embargo. «Eso crees.» Halt le sonrió. «A la gente le encanta hablar conmigo», dijo. «Soy un excelente conversador y tengo una personalidad chispeante. Pregúntale a Horace.» He estado dándole la lata desde Dun Kilty, ¿verdad? —Horace asintió—. Ha estado hablando sin parar todo el camino —dijo—. Me alegra verlo dirigir toda esa charla hacia otra persona.
Peligro de Halt

Juan Flanagan
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