
Por naturaleza, me he programado para amar los mismos gustos que el resto del mundo. Empiezo a encajar. Empiezo a amar lo que otros aman. Empiezo a llamar a la Tierra mi hogar. Sin darme cuenta, confundo los lujos con necesidades y uso mi dinero como lo hacen los incrédulos. Empiezo a olvidar la guerra. Dejo de pensar en la gente que perece. Las misiones y los pueblos no alcanzados desaparecen de mi mente. Dejo de soñar con los triunfos de la gracia. Me hundo en una mentalidad secular que se fija primero en lo que el hombre puede hacer, no en lo que Dios puede hacer. Es una enfermedad terrible. Y doy gracias a Dios por aquellos que me han empujado una y otra vez hacia una mentalidad de guerra.
No desperdicies tu vida

Juan Piper
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