
Un error común sobre la educación surge cuando su definición se limita al ámbito intelectual. El niño es fragmentado, sin ser visto como una persona íntegra, con capacidades físicas, emocionales, espirituales e intelectuales plenamente integradas. Por lo tanto, si un programa educativo intenta abordar el intelecto del niño ignorando su desarrollo espiritual y emocional, lamentablemente está ignorando su verdadera realidad. Asimismo, quienes separan la dimensión espiritual y emocional del niño de la intelectual cometen un grave error. No se puede delegar únicamente la formación intelectual del niño a profesionales y reservarse solo la espiritual y emocional. Independientemente de la materia que se imparta, el niño se ve afectado en su totalidad.

Kevin Swanson
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