
Me pregunté en qué creía. Nunca había rezado mucho. Tenía muchas esperanzas, muchas esperanzas, pero no rezaba. Al crecer, había desarrollado cierta desconfianza hacia la religión organizada, pero sentía que tenía la capacidad de ser una persona espiritual y de tener creencias fervientes. Sencillamente, creía que tenía la responsabilidad de ser una buena persona, y eso significaba ser justo, honesto, trabajador y honorable. Si hacía eso, si era bueno con mi familia, leal a mis amigos, si contribuía a mi comunidad o a alguna causa, si no era mentiroso, tramposo ni ladrón, entonces creía que eso sería suficiente. Al fin y al cabo, si existía algún Cuerpo o presencia para juzgarme, esperaba que me juzgaran por haber vivido una vida auténtica, no por creer en un libro determinado o por haber sido bautizado.
No se trata de la bicicleta: Mi viaje de regreso a la vida

Lance Armstrong
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras