
Aunque es muy fácil casarse, es muy difícil mantener a la esposa, a los hijos y a la familia. Por eso, nadie se percata de la fe de Jacob. De hecho, muchos rechazan la fertilidad en una esposa simplemente porque hay que mantener y criar a los hijos. Pues suelen decir: «¿Para qué casarme si soy pobre y mendigo? Prefiero cargar con la pobreza yo solo y no cargarme con la miseria y la necesidad». Pero esta culpa recae injustamente sobre el matrimonio y la fertilidad. En verdad, al desconfiar de la bondad de Dios, demuestras tu incredulidad y te acarreas mayor sufrimiento al menospreciar su bendición. Porque si confiaras en la gracia y las promesas de Dios, sin duda serías sustentado. Pero como no tienes esperanza en el Señor, jamás prosperarás.
Los sermones de Martín Lutero: 7 volúmenes

Martín Lutero
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