
Recorrí la habitación con la mirada, sabiendo que no tardaría en encontrar a Annie, que había optado por un muumuu largo de los años 60 en un intenso tono turquesa que, debo admitir, le sentaba de maravilla con su piel color miel. Su cabello oscuro estaba recogido en un moño, lo que le daba unos centímetros de altura extra, y lo atravesaba con un palillo dorado con incrustaciones de pedrería. O al menos eso creía yo, pero ¿quién sabe cómo se llama ese utensilio una vez que atraviesa una melena? ¿Quizás solo un palo? En cualquier caso, estaba deslumbrante, como un pajarito colorido que sorprende a todos con su audacia y belleza inusual al aterrizar justo en medio de una bulliciosa acera.
Cómo comer un cupcake

Meg Donohue
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