
Como adultos, elegimos nuestras propias lecturas. Según nuestro estado de ánimo y necesidades, podemos leer el periódico, una novela de éxito, un artículo académico, una revista femenina, un cómic, un libro infantil o el último libro que casi todo el mundo está leyendo. Nadie nos reprende por nuestra elección. Nadie dice: «Es demasiado corto para ti». Nadie dice: «Es demasiado fácil, devuélvelo». Nadie dice: «No podrías leer eso ni aunque lo intentaras, es demasiado difícil». Sin embargo, si echamos un vistazo a las aulas, las bibliotecas y las librerías, notaremos que las elecciones de los niños a menudo son ridiculizadas, censuradas y negadas como válidas por maestros, bibliotecarios y padres entrometidos e ineptos. La elección es un asunto personal que cambia con la experiencia, con el estado de ánimo y con las necesidades. Deberíamos dejarla ser.
Reflexiones radicales: opiniones apasionadas sobre la enseñanza, el aprendizaje y la vida.

Mem Fox
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