
—No soy tan rara —dijo—. Es solo mi pelo. Miró a Bobby y luego a mí, con una expresión a la vez desdeñosa e implorante. Tenía cuarenta años, estaba embarazada y enamorada de dos hombres a la vez. Creo que lo que no soportaba era la locura de su vida. Como muchos de nosotros, había crecido esperando que el romance le otorgara dignidad y rumbo. —Sé valiente —le dije. Bobby y yo estábamos frente a ella, confundidos, sin hogar y sin un plan, acosados por un amor doloroso pero caótico que se negaba a enfocarse de la manera convencional. El tráfico rugía detrás de nosotros. Un camión hizo sonar su bocina hidráulica, un sonido monstruoso, oceánico. Clare negó con la cabeza, no por negación, sino por exasperación. Como no se le ocurría nada más que hacer, comenzó a caminar de nuevo, más despacio, hacia la hilera de árboles.
Un hogar al final del mundo

Michael Cunningham
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras