
Si no se ha cultivado la curiosidad y el interés durante la infancia, es recomendable adquirirlos ahora, antes de que sea demasiado tarde para mejorar la calidad de vida. En teoría, es bastante sencillo, pero en la práctica resulta más difícil. Sin embargo, sin duda merece la pena intentarlo. El primer paso consiste en desarrollar el hábito de realizar las tareas con atención concentrada, con destreza y no por inercia. Incluso las tareas más rutinarias, como lavar los platos, vestirse o cortar el césped, resultan más gratificantes si las abordamos con el mismo cuidado que se dedicaría a crear una obra de arte. El siguiente paso es redirigir cada día parte de nuestra energía mental, que antes dedicábamos a tareas que no nos gustaban o a ocio pasivo, hacia algo que nunca habíamos hecho antes, o algo que disfrutábamos pero que no practicábamos con la suficiente frecuencia porque parecía demasiado engorroso. Existen literalmente millones de cosas potencialmente interesantes en el mundo para ver, hacer y aprender. Pero no se vuelven realmente interesantes hasta que les prestamos atención.
Encontrar el estado de flujo: La psicología del compromiso con la vida cotidiana

Mihaly Csikszentmihalyi
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