
Estos ejemplos sugieren lo que se necesita aprender para controlar la atención. En principio, cualquier habilidad o disciplina que se pueda dominar por cuenta propia será útil: meditación y oración, si se tiene esa inclinación; ejercicio, aeróbicos, artes marciales para quienes prefieren concentrarse en habilidades físicas. Cualquier especialización o conocimiento que resulte placentero y en el que se pueda mejorar con el tiempo. Lo importante, sin embargo, es la actitud hacia estas disciplinas. Si uno reza para ser santo, o se ejercita para desarrollar músculos pectorales fuertes, o aprende a ser sabio, entonces se pierde gran parte del beneficio. Lo importante es disfrutar de la actividad por sí misma, y saber que lo que importa no es el resultado, sino el control que se adquiere sobre la propia atención.
Encontrar el estado de flujo: La psicología del compromiso con la vida cotidiana

Mihaly Csikszentmihalyi
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