
Cualquier juego cuyo objetivo sea construir territorio debe ser bello. Puede haber fases de combate, pero son solo un medio para un fin: permitir que tu territorio sobreviva. Uno de los aspectos más extraordinarios del go es que se ha demostrado que, para ganar, debes vivir, pero también debes permitir que el otro jugador viva. Los jugadores demasiado codiciosos perderán: es un sutil juego de equilibrio, donde debes avanzar sin aplastar al otro jugador. Al final, la vida y la muerte son solo las consecuencias de lo bien o mal que hayas construido tu territorio. Esto es lo que dice uno de los personajes de Taniguchi: vives, mueres, estas son las consecuencias. Es un proverbio para jugar al go y para la vida.
La elegancia del erizo

Muriel Barbery
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